Los mitos filosóficos
La recurrencia de roblemas, planteamientos y conceptos ilosóficos es algo que todos podemos constatar fácilmente con una simple ojeada a la historia de la filosofia. La célebre afirmación de Whitehead, según la cual ésta no es más que una nota al pie de página de la obra de Platón, es quizá una manifestación exagerada de tal hecho, pero no por ello menos significativa, en virtud de que destaca lo limitadode la temática filosófica. Resulta, pues, sorprendente la multitud de filósofos que han surgido de ella a lo largo de veintitrés siglos. Tal vez podamos encentrar la causa de este extraño fenómeno en las primeras palabras de uno de esos grandes monumentos que se han levantado en tan estrecho territorio: “Tiene la razón humana el singular destino, en cierta especie de conocimientos, de verse agobiada por cuestiones de índole tal que no puede evitar, porque su propia naturaleza las impone y que no puede resolver porque a su alcance no se encuentran”. (Kant, Critica de la razón pura) Sin embargo, no sólo la temática filosófica se repite constantemente; también las diversas posiciones adoptadas ante ella, e incluso las concepciones que la filosofía tiene de sí misma renacen una y otra vez. De ahi el interés que reviste llevar a cabo una clasificación de las diversas filosofías de acuerdo con determinados “esquemas reiterativos” subyacentes. Tal es el proyecto que en su libro recientemente publicado se propone realizar Juan A. Nuño, tomando como idea directriz la sospecha de que el discurso filosófico tiene como referente oculto al mito, entendido este último como “la expresión no reflexiva de una toma de posición ante el mundo”, en la que se fundan las creencias. El mito -nos dice Nuño-, al ser considerado como una especie de metáfora, constituye un metalenguaje que versa sobre la expresión directa, la cual es ya un primer alejamiento de la presunta realidad expresada. La idea del discurso filosófico que nos propone el autor es la de un metalenguaje de nivel superior cuyo lenguajeobjeto es precisamenteel mito (doble distanciamiento respecto a la realidad), que, después de haber aparecido como recurso explícito de la filosofia de Platón, ha sido ocultado mediante una asimilación al lenguaje sistemático, dando asi la impresión de restituir el nivel básico de la expresión. De esta manera “los mitos implícitos vendrían a ser el sentido último del mensaje filosófico que es el signo” y podrían representar, en un intento de clasificación, los esquemas que inspiran y determinan “familias de sistemas filosóficos” que han coexistido a lo largo de la historia de este peculiar quehacer humano. Esto no significa que todo sistema de cada familia posea una estructura similar a la de los mitos, sino que cada una expresa a su manera un mismo “fondo de creencias” contenido ya en el mito. La totalidad de los mitos constituyentes de tipos de sistemas -considera Nuño- está colmada desde la Antigüedad. El mito de la recuperación del origen divino del alma a través de la aspiración a la sabiduría está detrás de la filosofia de origen pitagórico que se considera a si misma como una actividad “servil” o auxiliar. Con Parménides se inauguran dos grandes grupos: por un lado aquél que remite a los mitos de iniciación y revelación, claramente expuestos en la primera parte de su Poema, mediante las imágenes de los corceles guiados por doncellasque conducen al filósofo a las puertas que guardan el camino del Dia, en donde la diosa le ha de revelar la verdad “bien redonda”; por el otro, aquel que remite a los mitos de frontera e infierno manifestados por boca de la diosa que condena cualquier reflexión que no asuma rigurosa y estrictamente el principiode identidad, ya se trate de la trillada por los mortales, ya sea cualquier sistema que acepte la pluralidad o el cambio. Con el advenimiento de la revolución socrática, al proponerse el hombre como tema fundamental de la filosofia, surge una nueva familia que oculta el mito de Narciso; su objetivo y su via de acceso encuentran en el yo, en el sujeto que actúa, su fin último y su punto de partida. Y, finalmente, con las conocidas palabras del tratado, casualmente titulado “Metafisica”, de Aristóteles, que postulan la existencia de una ciencia cuyo objeto es el “ser en tanto ser”, aparece el primer miembro de la hoy en dia desacreditada familia inspirada en el mito de la totalidad o del saber absoluto. Queda cerrado de esta manera el cuadro clasificatorio. De Aristóteles en adelante las filosofías no tendrán más que integrarse a alguna de estas posiciones. La primera imagen de la filosofía que nos presenta Nuño dentro de esta especie de desfile de disfraces es la que esconde en si misma el narcisismo; se trata de filosofías que desdeñan lo que consideran el frío y es quemático pensamiento de las ciencias, que tiene como único fin aprehender el mundo externo; su preocupación, por el contrario, se centra en la vida interna del sujeto, sus angustias, sus deseos, etc.; e intentan descubrirla, descifrarla, a través de una introspección que resulta ser una reflexión más sentimental que conceptual. La siguiente figura presume tener la capacidad exclusiva de intuir la esencia de todas las cosas; aquí nos topamos con todas aquellas filosofías que aceptan de una u otra manera la intuición intelectual, instrumento que sólo pueden alcanzar los que se hayan sometido a una ardua disciplina que les permita desarrollar esa misteriosa función del espíritu. El filósofo viene a considerarse, entonces, como un ser superior que se instaura en un mundo de “clarividencias”. Misterios de revelación y mitos iniciáticos es lo que encubren, según Nuño, estos pensadores entre los que destacan ‘latón, Descartes y Husserl. Sin embargo, las pretensiones de esta clase resultan modestas al lado de la presunción de aquélla que se otorga el lugar de la reina de todas las ciencias, argumentando que posee una visión cabal de la “tòtalidad de lo real” o del ‘ser en tanto ser”, que le permite determinar la labor de cada ciencia particular. El objeto que declara enfocar es la unidad de lo real, pero en eI fondo arrastra el mito de la unidad originaria y perdida; su forma de proceder, aun cuando dice ser estrictamente racional, es semejante a la del pensamiento mágico, de acuerdo con a caracterización que da Lévi-Strauss de este Ultimo: un pensamiento que cree en un determinismo absoluto, que considera que todo tiene relación con todo. Por supuesto, la estrella que más brilla en el horizonte de esta comunidad filosófica es la de Hegel. Como puede verse con claridad, las tres posiciones anteriores le conceden a la filosofía un papel privilegiado dentro de la actividad pensante del ser humano; ocupa la cúspide de esta tendencia la última de ellas. Las dos siguientes posiciones que expone Nuño son, por el contrario, corrientes con una inclinación opuesta: le dejan a la filosofía sólo una función critica o auxiliar. La primera, de origen parmenideo, se encarga de establecer los limites del conocimiento legitimo, determinando un ámbito más allá del cual el pensamiento se ve sumergido en el desvarío. Su criterio delimitativo puede referirse a la estructura de los conocimientos, y en tal caso se desechan aquellos cuya expresión contiene desperfectos sintácticos o de argumentación, o bien puede referirse a su objeto, en Cuyo caso resultan condenadas todas las especulaciones que se empeñan en rebasar el único campo que permite la verificación. En todas las filosofías que pertenecen a esta estirpe, ya se trate del sistema kantiano, de Hume o del empirismo lógico, pesan la idea de lo prohibido, del tabú, y la idea del recinto fortificado que le permite al conocimiento garantizado permanecer sin temor a grandes peligros. La última posición en este cuadro podría considerarse como la antítesis de las reflexiones basadas en el mito de la totalidad. En ella la filosofia se conforma con un puesto subordinado, sea integrándose a moldes religiosos, como en el caso de la secta pitagórica o la filosofía medieval, o adoptando como tarea el análisis del lenguaje y la metodología de las ciencias. Se trata de actividades totalmente dispares, si bien comparten esa humilde función de ir a la zaga de un saber que no tiene por qué rendirles cuentas, y al que sólo pueden auxiliar aclarando sus conceptos, mas nunca evaluándolos. En esta familia el mito subyacente de la depuración del alma se ha desdibujado, quedando sólo la idea de subordinación como denominador común. Dos mitos mis abarcan el conjunto de todas estas familias. El del eterno retorno, que viene a ser el índice de la filosofía en general, al poner el énfasis en ese constante retornar los mismos temas y las mismas actitudes, gracias al cual es posible hablar de familias, en la medida en que, tras la aparente diferencia de sus miembros, lo que en realidad enfrentamos es un renacer de un mismo carácter. El otro, intimamente ligado al anterior, es el mito de Sísifo, ya que la filosofía vuelve a retornar las empresas que han sido condenadas y resurge cada vez que alguno de sus representantes piensa haber terminado o destruido definitivamente el proyecto de esta actividad. La clasificación propuesta por Nuño es también una nueva crítica de la filosofía, pues no sólo nos ofrece un panorama de los distintos tipos de filosofias. El hecho de tomar en particular a los mitos como aquello que caracteriza y determina a cada “familia de sistemas” supone ya una critica filosófica, que revela tras el discurso presuntamente racional de la filosofia una toma de posición “no reflexiva” ante la realidad. De esta manera Nuño se inscribe, con Los mitos filosóficos, en una tradición critica que busca desenmascarar los textos a través de una lectura que saca a luz lo que se considera el “verdadero” motor de lo que se afirma. Crítica que podríamos llamar externa, ya que apela a un factorextra-filosófico para explicar el contenido, desdeñando o mostrando como falsos los planteamientos que cada sistema filosófico presenta para determinar su objeto de estudio y la manera de abordarlo No se trata, en el caso de Nuño, de buscar los motivos psicológicos que han conducido a cierto autor a crear esta o aquella teoría, ni las condiciones sociales que pudieron llevarlo a adoptar alguna posición, sino de mostrar la totalidad de los mitos que constituyen los grupos en los cuales deben caer una y otra vez todas las posibles filosofías. Con ello, al mismo tiempo que un desenmascaramiento logra una clasiftcación basada en aquello que revela. No obstante, el supuestoque funge como criterio clasificatorio no parece estar suficientemente legitimado no otorgarnos motivo alguno para con siderar exhaustiva la serie de mito: señalados. “El referente de cualquier lenguaje sistemático”, nos dice Nuño, “ha deencontrarse en un determinado mito”. Se trata, claro está, de un referente oculto, pero no se explica claramente cómo llega a quedar oculto Apelar al hecho de que algunos términos filosóficos puedan tener como origen una expresión metafórica, e incluso una expresión cuyo sentido originario esté integrado en un con texto mitico, como parece sugerirlo Nuño, no habla a favor de aquella su posición, asi como no tenemos por qué pensar que al utilizar el término “cosmos” nos estamos refiriendo ocultamente al orden de la comunidad humana, debido a que tal haya sido su significado original. Por otro lado, el autor considera que sólo existe las cinco familias de sistemas por él expuestas, pero no muestra la necesidad de que así sea, ya que no deriva el número de familias del criterio clasificatorio. Sin embargo, la visión de la filosofia de Nuño, la persistencia en ésta del mito, expresada con erudición e una prosa cuidada, hacen de este libro un enfoque nuevo y apasionante .
Pedro Stepanenko
__________________________________________________________________Exposición atemporal de la filosofía de Juan A. Nuño
Vuelta 118 / Septiembre de 1986